sábado, 17 de julio de 2010

Representaciones masculinas acerca de la belleza femenina

Primero que todo para entender las representaciones masculinas acerca de la belleza femenina, se debe partir de la diferenciación que hace Freud[1] entre los animales y los hombres, en la que la sexualidad humana no es instintiva como en los animales. puesto que está en los hombres no tiene un objeto predeterminado, a diferencia de los animales en la cual el estimulo opera por si mismo siendo el objeto altamente independiente del estimulo. Por lo que se plantea y se define a la sexualidad humana con una forma especifica que procede de una historia. A manera de ejemplo, si en realidad del hombre actuara como los animales se podría observar que sus serian hacia el objeto altamente determinados por las sustancias químicas que segrega el sexo opuesto y los datos observados que no han sido aprendidos sino prácticamente innatos se podría observar que en la etapa fértil de la mujer todos los hombres estarían en la puerta esperando que saliera para llegar a la copulación y la reproducción. Pero el hombre y la sexualidad humana no es algo innato y muchos menos el objeto que el hombre escoge para la satisfacción de su placer esta determinado puesto que este puede llegar a ser muy variable dependiendo de cada cultura y de la manera en que se manejen las tendencias junto con las estructuras.

Freud plantea al hombre desde el punto de vista meramente sexual no como algo innato sino como aquello que encuentra un objeto en el curso de una historia muy variable, la belleza se podría plantear desde un punto de vista que no va muy de la mano con la sexualidad, pero ya que Freud plantea al hombre como ser sexual este encuentra en la belleza del objeto en la medida que este supla sus pulsiones.

En el hombre se pueden observar las necesidades o lo que comúnmente las personas denominamos necesidades ya que para Freud la necesidades no son del todo, necesidades puras ya que de igual forma siempre están vinculadas con un orden simbólico que son formuladas al mismo tiempo con deseos y como demandas. Afirmando que las necesidades no pueden dar razón alguna del hombre ni de su historia, no nos dice nada acerca de sus gustos, de sus preferencias, de su infancia sino más bien, nos informa del estado actual del organismo y de un conjunto de carencias que se expresan orgánicamente por medio de los mecanismos. Pero sin dejar a un lado que existe una diferencia notable entre la necesidad y el deseo. Puesto que el objeto del deseo ha sido producido en una historia. Cuando un individuo tiene un deseo sexual por determinada persona, ese deseo si puede expresar lo que ha sido la vida de esa persona. El deseo en el hombre queda superpuesto a la necesidad. A la necesidad del alimento por ejemplo, inmediatamente viene el deseo oral, la sexualidad oral y al conjunto de las necesidades se sobrepone de manera casi inmediata una formulación que ya no procede de la necesidad, que es característica de de la capacidad humana, tan temprana, de simbolización.

La sobre posición de la necesidad y el deseo es una cosa muy temprana, tan temprana que realmente nosotros nunca nos encontramos en la vida practica con ninguna necesidad pura. La verdad es que en el hombre el lado del deseo, el orden simbólico no es un orden secundario y añadido a un orden primario y efectivamente eficaz al orden de la necesidad. El orden simbólico rápidamente comienza a predominar, rápidamente se comienza a depender de él. En el simple caso de la alimentación se observa como la “necesidad” de alimentación empieza a ser reemplazada por el niño, en cuanto si su orden simbólico que son las relaciones interhumanas no son estables. Puesto que es muy visible ver hasta qué punto rige en el hombre el orden simbólico sobre un orden orgánico que, incluso ya no funciona, si no logra ser simbólicamente calificado y aceptado. Por lo tanto el deseo está vinculado a una formulación simbólica, organizado en una historia, se dirige hacia objetos encontrados en el curso de una historia.

Por lo que gracias a estas formulaciones de Freud de la sexualidad humana se puede llegar a suponer que el hombre compuesto de sus necesidades y de los deseos que lo caracterizan y nos informan sobre su vida. A partir del conocimiento de los deseos se puede llegar a establecer la historia y la formación de ese objeto de por qué ese se ha creado con la capacidad de atracción y en otros no surge lo mismo. Al igual que la belleza que se asocia con la sexualidad en la medida en que el hombre busca su identidad por el orden simbólico en la que encuentra en la mujer atributos tanto físicos como emocionales que puedan llegar a la satisfacción del deseo por lo que el hombre demanda en algunas ocasiones la satisfacción en las zonas erógenas, buscando a su vez una mujer que cumpla con todos los requisitos para que este quede satisfecho. La belleza femenina vendría a ser algo similar, a la generación de dependencias que se forman en las diferentes culturas siendo para este sinónimo de belleza femenina, buena compañera o por el contrario compañera sexual, la formación de sus valores una mujer decente o por el contrario una mujer ordinaria y malgeniada en la que marca la historia de cada hombre o el ideal de belleza que encuentra atractivos en una mujer.la belleza femenina esta dentro del orden simbólico que mencionaba Freud, puesto que empieza a ser superpuesta dentro de las necesidades y son también ligadas al deseo que el hombre pueda sentir.

El segundo texto abordado para una mejor comprensión de que representaciones tienen los hombres acerca de la belleza femenina es el que plantea Alberto Carmona[2] sobre el amor el deseo y el goce. En la que en primera medida parte de la pulsión afirmando que la pulsión no tiene objeto. En la que trae a colación a Freud en la que decía que las pulsiones surgen apoyadas en las necesidades como comer y excretar. Estas pulsiones no tienen su origen la forma de un deseo sexual como el que experimentamos los individuos adultos cuando dicen ser atraídos sexualmente por una mujer. Lo cual quiere decir que las pulsiones sexuales surgen a partir de un placer agregado a la satisfacción de la necesidad. En la que el niño satisface su necesidad de alimento y sigue chupando el dedo porque esto le produce placer.

Carmona plantea que en el psicoanálisis el deseo se entiende fundamentalmente como “deseo del otro”. El deseo implica pasar la pulsión por el otro y, en este caso, el otro es semejante. Es un paso fundamental porque ya la sexualidad no se reduce solamente a un goce de órgano con su correspondiente actividad, sino que se trata de una sexualidad que tiene como objeto a otro ser humano. El paso del goce pulsional al deseo sexual no es nada menos que el paso de la humanización de la sexualidad, lo cual implica una socialización del goce y una regulación del mismos. A su vez plantea que el amor es un sentimiento que tiene su base en el deseo sexual. Son lo que es importante a su vez entender estas diferenciaciones entre el amor el deseo y el goce porque es a partir que el hombre llega realmente a encontrar lo que para el o lo que para su cultura ha llegado a ser denominado belleza femenina con sus razones.

Existe una diferencia entre el deseo sexual y el amor, tiene que ver con que el amor, el lazo afectivo que une a una persona con la otra es más o menos permanente, mientras que el deseo sexual está sujeto a los altibajos de la excitación; es decir una vez colmado el deseo, así sea de manera temporal, se pierde el interés por el objeto, y este interés solo reaparece cuando la excitación empieza nuevamente su curva ascendente.

Pero de igual forma para entender esta diferenciación es necesario mencionar que el deseo sexual de los seres humanos, desde su origen, tienen dos corrientes, una de ellas es el deseo sexual propiamente dicho, ese que orienta hacia un objeto y busca satisfacerse en el, a esta corriente se la llama sensualidad. La otra corriente por la que va a correr el deseo sexual es la ternura, esta corriente también tiene sus objetos, pero no busca la satisfacción en ellos de la misma manera que la sensualidad, la ternura seria estrictamente lo que llamamos el amor. Esta partición del deseo en dos corrientes produce una división en tres tipos. Un primer tipo de relaciones es aquel en el que se presenta como fundamental, la sensualidad, donde se puede ver inscrito las relaciones con amantes, los encuentros casuales y la industria de la prostitución. Un segundo tipo es aquel en el cual lo fundamental es la ternura, las cuales excluyen por principio la sensualidad de una manera radical, en esta se inscriben las relaciones familiares, las amistades y en una tercera categoría en la que la sensualidad y la ternura tienen lugar sin excluirse las cuales son las relaciones amorosas.

La representación que el hombre pueda tener acerca de la belleza femenina depende en gran medida de su historia con el objeto y de las relaciones culturales en las que se ven reflejadas por el lugar donde se habita y el lenguaje , observándose a su vez la importancia que tiene sobre este la pulsiones que surgirían a partir de las necesidades pero siendo las pulsiones o el deseo el que se sobrepone a la necesidad y a la vez observando las corrientes del deseo las cuales a su vez se dividen en tres tipos, con los cuales se podría llegar a establecer la representación de la belleza femenina dependiendo del contexto y de la corriente del deseo por el que se rija su vida.

Como posible hipótesis se diría que las representaciones que los hombres tienen acerca de la belleza femenina es de una mujer de curvas perfectas y de sensuales movimientos para aquel que solo está inscripto en el primer tipo, y en el segundo tipo tendrían la concepción de belleza femenina como aquella comprensiva, sin importar su apariencia física bella seria aquella que de su apoyo tanto moral como para tomar decisiones aquella vista como una autoridad como un ser perfecto sin derecho a equivocación o por el contrario representada dentro de lo simbólico como la comprensión, y en un tercer tipo la belleza se vería representada como la feminidad, la pasión un rostro bonito, la amigable, comprensiva y su belleza inicialmente estaría representada por la comunicación y lo pasional que encierran una cantidad de formas de actuar de la mujer que a el hombre le atraen.



[1] En esta parte se hace referencia al texto de Estanislao Zuleta, “la sexualidad” en: el pensamiento psicoanalítico, medellin, fundación Estanislao Zuleta, 2004.

[2] Para reforzar la representación de la belleza femenina, se hace referencia al texto de Laime Alberto Carmona parra, “ el amor, el deseo y el goce”

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